miércoles, 18 de marzo de 2009

El amor o la indefensión


El año pasado murió Ana Laura, de un lupus que no le diagnosticaron a tiempo. Mi amiga Carla sigue padeciendo dolor en el estómago y las articulaciones de las manos debido a la esclerodermia. A mí todavía me duele sentir de pronto que no sé cómo defenderme, que está a punto de pasarme algo muy malo, que alguien quien pienso me quiere, me va lastimar. Eso se llama indefensión. Las enfermedades autoinmunes como la esclerodermia y el lupus se nutren de indefensión. Cuando ésta no es conciente, pero sabemos que necesitamos poner límites o barreras, entonces surgen estas placas de células malignas que dirigen la fuerza de la agresión hacia adentro.


¿Qué es lo contrario a la indefensión? Cuando yo era una niña enferma de esclerodermia una sanadora me regaló a Perlita, mi muñera desde los cinco años. Me dijo que si dormía con ella me cuidaría. Tener algo físico a qué aferrarme durante los terrores nocturnos fue un principio. Otro gran paso fue sentir el cuidado de mis padres y no su violencia. Su colaboración y no su antagonismo. Hace mucho tiempo que, contra todos los pronósticos, sané de la esclerodermia, pero todavía no he terminado de sanar del miedo. Dicen que lo contrario del miedo es el amor, pero no me imagino, aunque quiero no sólo imaginarme, sino verlo hecho realidad, las dimensiones de un amor que sane tantas enfermedades, tanta soledad.


lunes, 9 de marzo de 2009

Me gusta:

  • Que ocurran eventos que me hagan sonrojarme, es como si me sorprendiera en una dimensiòn que no siempre tengo en cuenta.
  • Los mercados, o plazas, tianguis, bazares.Pero los mercados en primer lugar.
  • Los poemas que escribí hace años...me dan ternura de mí misma.
  • Oler algo que me trae recuerdos vívidos.
  • Descubrir que Carmenchu nunca creció y todavìa vive dentro de mí.
  • Poder ver que Carmen María sí creció y disfrutarlo.
  • Seguir el crecimiento de la luna, saber si es creciente o menguante, verla a inicios de la noche a a la luz de la mañana.
  • Tocar a los bebés, siempre he sentido que los bendigo de esa forma, pero ahora sé que yo soy la bendecida.
  • Ver el techo de mi casa del rancho, es de palma, y huele rico, aunque mi madre dice que apesta a lagartijita de esas.
  • Descubrir que conozco algo que habìa olvidado que sabía.
  • Las mañanas, la lluvia, el sonido de los pasos, y Cecilia Marìa, la pequeña Maricarmen, José, los Hernàndez Loo, y...la vida.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Una

Cuando duermo,

mi locura disfrazada de avestruz

se siente libre.

Yo dormida, pertenezco al universo

que me acoge.

Y soy esta yo

y soy distinta

y no hay una diferencia que se note.

Cuando duermo

los caminos son fluidos.

Laberintos

que se resuelven

(ellos lo saben)

al despertar.

Cuando duermo

no hace falta más llorar

Y sin embargo

todo en mí se llueve.

Una lágrima es en mi sueño

todo un mar

Y yo misma soy el mar…

Sólo dormida no hay nada en mí

que me separe.

viernes, 27 de febrero de 2009

El viaje del Principito



Les comparto esta obra mía de acrílico sobre tela, con texturas de tela y papel.

martes, 10 de febrero de 2009

¿Y el amor?

No intentaré ser breve,
esto de decir las cosas
como el amor, y sus razones,
es confuso,
Y más si el 14 de febrero
se aproxima
con su aguijón que alguna vez
he conocido
y no hay prórroga posible
que me exima de su cobro.

Me siento como una bola
de estambre
que aguien va a tejer
si yo me dejo,
En mi estómago
incuban mariposas
que un día de estos
saldrán a dar sólo un paseo
con ver-tigo
O con-tigo
con-vertido
en el presente que se anuncia.

¿Ya me explico?
Desde lejos
parece que esto es inevitable.
Incluso la palabra salud
lo recomienda
Y todas mis precauciones
Se han confabulado
y me han dejado así,
justo en febrero
con mil orugas incubando en mí,
la puerta sin seguro,
y el vértigo rondándome.

martes, 3 de febrero de 2009

Súper héroe en crisis

Desperté contenta. Con mi pantalón de pijama rosada intenso con florecitas, mi blusa que no le corresponde (amarillo con azul, tipo deportivo) y mi franela de vaquitas como chal o capa de súper héroe desmañado. Mi casa era un tiradero, pero cada detalle de éste me hacía sonreír, como el brasier amarillo tirado en el piso de la cocina. Mi día también ha sido un desastre. Todavía tengo sueño, he tenido sueño todo el día, no pude adelantar gran cosa de mis tareas y la voluntad no me alcanzó para resolver los pendientes más apremiantes. Pero eso sí, mis recuerdos de hoy están llenos de momentos hermosos, como lo encantador que es mi sobrino José Alejandro, tan parecido a mi hermana Gabriela que me hace llorar de ternura desde que nació. Y la llamada a Rosa, mi entrañable amiga, con las carcajadas y los planes, y lo refrescante que es ser transparente hasta en aquello que más pena da. Y por supuesto, la sonrisota de mi amigo Héctor, desde ese allá que cada día me parece más cercano.

Paciencia conmigo misma es una cosa, pero asociarme con la depresión otra. No puedo consecuentarla más, necesito combatirla con todas las estrategias que ya conozco. Esta es una de ellas.

lunes, 12 de enero de 2009

La bailarina: antecedentes y contagios


Es uno de los primeros recuerdos, en ese entonces tenía yo poca conciencia de la vida y mucho menos del futuro, pero cuando a los adultos de mi casa se les ocurrió preguntarme qué me gustaría ser de grande, lo primero que dije fue: bailarina. Y no, no estudiaba ballet ni solía bailar, creo que sólo me parecía hermoso eso de dar vueltas y vueltas al compás de la música.


Recuerdo bien el proceso de aprender a bailar. En una fiesta de fin de año con mi familia, tendría yo más o menos ocho años y lo intentaba con toda mi alma, aunque mi madre me señaló que abría yo mucho los pies. Más tarde, en el cuarto amplio de mi casa del rancho, mi madre y las tres hermanas solíamos bailar en las tardes. Ella nos enseñó a bailar en pareja, y ¿Quién creen que era la más entusiasta? Cuando mi mamá dio por terminada su tarea, mi hermanita Ceci y yo seguimos bailando, nos encantaba, inventábamos danzas extrañas, y como ella era más pequeña y flaquita que yo, era mi pobre víctima cuando salía lanzada por los aires al girar demasiado rápido.

Fuera de eso no tomé clases de ningún tipo de danza. En mi primera juventud asistí a las fiestas y bailes en compañía de mis hermanos y amigos y creo que nunca me he divertido tanto como entonces. Y aunque jamás olvidé que cuando era muy niña dije que al ser grande quería ser bailarina, también estaba conciente que era un sueño muy lejos de mi alcance. Además, ya me inclinaba yo más por las letras y la docencia, pero cuando en alguna fiesta volvía yo a sentir ese vértigo extásico de bailar, me preguntaba cómo es posible que pudiera ser feliz cuando dejaba pasar tantos días sin hacerlo.


Y ahora, con el tango estoy haciendo mi sueño realidad. Y algo muy bello de todo esto es que ahora quien está entusiasmada con bailar es la hijita de dos años de mi hermana Ceci. Cuando le digo: ¿bailamos Maricarmen? Me contesta con una enorme sonrisa: ¡Tango! Y quiere que dancemos en todo tiempo y lugar, ¡ya hace boleos y contraboleos! Y cuando hechas una sonrisa con patas, bailamos por toda la casa, me hace muy feliz recordar aquellos tiempos en que su madre y yo disfrutamos tanto con nuestros locos bailes.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Mi quehacer navideño

O Carmen María de vacaciones

En la vida, estamos sometidos a una intensa presión para “hacer cosas”. La actividad continua no sólo cuenta actualmente con gran prestigio social, sino que es uno de los pilares de nuestro sistema económico. ¿Qué derecho tiene la gente a pasarse las horas muertas sin hacer nada, sin comprar nada, sin gastar nada, sin ir a ningún sitio, sin consumir energía, ni pagar entrada?

Sin embargo, uno de los recursos más valiosos del bienestar es no hacer nada, aprender a crear desde el aburrimiento, a ver surgir valiosas iniciativas desde un tiempo dedicado a la contemplación…por eso hoy me dedico a papar moscas, pensar en las musarañas, a patear la pared desde mi hamaca mientras sigo, por minutos, el vuelo de una pelusa sobre un dorado rayo de sol.

Y todo esto en mi look decembrino favorito. :P

sábado, 20 de diciembre de 2008

Germinó una estrella


Duele salir del fondo del pozo,
duele la carne empapada y a salvo,

duele toda esa miseria perdida,

los restos de luz
que quedaron aferrados abajo.

Aunque se sabe estrella,

llora su humanidad que ha quedado el fondo,
pero no del todo.
y se siente como muerta,
pero ha resucitado germinado en el lodo.


(De nos ser porque aún sigue adolorida,
Se diría que no es de carne el rojo

como de joya ardiente, de su herida).


Dolorosa y expectante en su llegada,

como brilla entiende que todavía está oscuro.

Abierta y luminosa como punto de partida

como se duele siente que todavía es humana,

Y ya salvo en la noche de su espera estrellada,

como vive, ella sabe que por siempre es divina
.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Donde todo empieza


Hace rato acostada en mi cama escuchaba a mi gata ronronear y leía una novela. Las últimas palabras del capítulo: “el lugar en donde todo empieza”, me conmovieron, porque el relato está lleno de dolor y de esperanza, lo mismo que la vida. Y pensé que el dolor y la esperanza son también un lugar de comienzo. Me incorporé, (mi gata también) y sonreí entre lágrimas porque ya estoy de vacaciones, porque dejo atrás tanto dolor y tanto aprendizaje, y estoy en duelo y me siento liberada. Porque dejar atrás situaciones, dinámicas, lugares, siempre significa hacer espacio para que la vida se llene de otras experiencias. Y yo sé (ahí está la esperanza) de que van a ser luminosas y enriquecedoras.

Luego fui a ver a mi hermana Cecilia quien acaba de dar a luz a su segunda niña. La primera, Maricarmen, con sus dos añitos es toda una cariñosa hermana mayor que sin embargo, está un poco necesitada de apapachos especiales. Pero para eso estoy yo, que la adoro, y juntas nos fuimos a caminar por el andador que atraviesa las calles de su colonia, y recogimos flores de todos colores, para admirarlas después en el interior de su sombrero. Y es que aquí en Yucatán, en pleno invierno los árboles y arbustos florecen y puedes ver las calles llenas de color a causa de las bugambilias, los ciricotes con sus flores anaranjadas y las enredaderas cuajadas de hilos rosa brillante. Y ya sé que este párrafo no se sigue del anterior pero tenía ganas de contarles lo de las flores.

Después regresé a casita para continuar leyendo y disfrutando de la soledad que se me antoja más que nunca. Y en esas estaba, acostada en mi camita, rodeada de mis libros favoritos. (mágicos, acogedores) cuando me rescató una amiga de mis sopor vacacional y fue entonces cuando me alegré una vez más de lo encantadoras que son mis amigas y del regalo que son las relaciones humanas.

Ahora mi plan es descansar, recuperarme y consentirme de este cierre de año tan intenso y telenovelesco, para iniciar el 2009 con mi nueva rutina de escritora (siento vértigo) de la que planeo compartirles aquí mis chocoaventuras.

martes, 9 de diciembre de 2008

Este invierno

Al borde del error,
a punto de perder el equilibrio
en una inclinación sutil
no del todo prevenida
una luz feroz me parte a la mitad,
me salva de mí misma, me aleja,
me desangra (me hace llorar)
Y purifica.

Acostumbrada a no olvidar
a ir más allá de mí
por estar con todos los demás,
no en beneficio de mí misma,
esa luz feroz me muestra la verdad,
me desarma de toda mi bondad
y me recoge nuevamente
en la semilla.

En este invierno nítido
(a fuerza de la luz), puedo reposar,
mirar hacia delante,
empezar a crecer al borde del amor
hasta que una inclinación desprevenida
me haga tropezar,
y me precipite ya de lleno
en esta vida.

Carmen María

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Escribo hacia adelante, como vivo.

“Aquello que los demás llaman desvío, es el camino que uno ha encontrado”. Koremblit


Eran las once de la mañana y terminé de dar mis clases, así que me dirigí a la oficina de la directora de la preparatoria donde trabajo y le pregunté si tenía tiempo para que habláramos unos minutos. Accedió. Así que me senté frente a ella y le solté: Quiero dejar la materia de la que soy titular. ¿Por qué? Porque quiero dedicarle tiempo y esfuerzo a mi formación como escritora.


Me duele el estómago. Estoy contenta. Hoy cobré mi aguinaldo y al mirar mi cheque supe que en muchos años no recibiré una suma parecida. Sólo daré las clases del taller de creación literaria: cuatro horas a la semana. A veces pienso que pagaría por estar en ese taller, lo vale cada minuto. Hoy estábamos sentados, como es nuestra costumbre, con las sillas formando un círculo. De pronto a un alumno le pareció ver que había una motita de luz sosteniéndose en el aire en medio de nosotros. ¡Ahí está! ¡Miren! De pronto todos habíamos despegado nuestros ojos del papel y señalábamos llenos maravilla y sorpresa la pequeña manchita que…no, no era una motita de luz, era una minúscula araña. Fue un momento mágico.


Justo ahora no sé cómo explicarme. Cómo compartir la alegría existencial que siento por mí misma. Quise compartirla con mi amigo el poeta. Nada. Temo llegar con mi enorme sonrisa y anunciar: “He dejado mi maravilloso trabajo porque estoy apostando por mi trascendencia en la escritura”. y mirar la incredulidad en los rostros de mis amigos. Pero, (me pongo en el lugar de la gente práctica) ¿quién puede garantizarme que esto sucederá, que podré salir adelante en mi apuesta por la literatura, que soy capaz de lograrlo? De igual manera, ¿quién puede decirme que no es posible? Parece que no me queda de otra que creer en mí, descaradamente, con alegría, sin pretensiones, sin antecedentes, pero eso sí, con mucho trabajo. Hace unos días un talentoso y muy joven alumno me decía: __¡Carmen María, quiero ser famoso!__ Que eso no te preocupe ni te desvele,__ le contesté,__ mírame a mí: jamás he deseado ser famosa, y sin embargo, lo seré.

martes, 18 de noviembre de 2008

Me gusta pensar ahora que paso los treinta, que he dedicado mucho del tiempo pasado a estudiar literatura, filosofía y religión, pero lo que más me gusta es la síntesis que he sacado de mis incursiones en estos temas. Me siento con mayor paz respecto a la vida, la existencia y la sociedad. He sido una derechista convencida y una izquierdista enamorada, pero ahora sólo soy una mujer que también es espiritual que también es comunidad y que también es familia. Sé que no puedo vivir si me desconecto de mi lado creativo y que éste se puede desarrollar en el arte mismo o inclusive en lo doméstico. Conservo y avanzo, he roto esquemas y me liberado de estructuras demasiado rígidas para mí, no sigo modas ni pertenezco a ningún estrato social estereotipado. Me gusta ponerme vestidos y usar el pelo corto, la ropa hecha en casa y las excelentes prendas que adquiero en las baratas. A veces puedo ponerme mi hipil y al otro día mallones, y sigo siendo yo misma.

Tal vez sea que vivo en una ciudad hermosa como es Mérida, o tal vez sea por haber crecido rodeada de gente de buena voluntad, o porque mis amigos son la gente más generosa y comprometida de quienes tenga yo noticia, pero CREO en la gente, en su capacidad de amor y de desarrollo personal, creo en la solidaridad, en el apoyo y en la alegría de convivir. Creo que los niños son maravillosos aunque mis amigas sientan que soy muy firme con ellos, lo cierto es que a mis sobrinos les gusto. Creo que los adolescentes son sorprendentes y admirables, y doy clases en primero de prepa desde hace más de seis años. Creo que los jóvenes son justamente idealistas y críticos y que los adultos tienen (tenemos) remedio y mucho que enseñar y que también aprendemos y modificamos lo que es necesario.


A unos días de cumplir años estoy conciente de que estoy en pañales en ciertas áreas de mi vida, lo que es excelente porque todavía tengo mucho que experimentar. Pero también sé que he remontado con duro esfuerzo situaciones difíciles, violentas, tortuosas. Pero no sólo soy una sobreviviente, no me gustaría quedarme en eso. Prefiero pensar que no he pasado por alto ninguna dimensión de mi vida, y tampoco la que implica crecer, fallar, disfrutar, compartir, crear. Soy demasiado apasionada para vivir en la paz indiferente que a veces se me antoja, soy demasiado emocional para no involucrarme en mi vida y en otras vidas con todo mi corazón, y soy demasiado física para quedarme colgada de mis sueños.


Porque intuyo que, antes de empezar esta ventura que me ha llevado más de treinta años, todo era como un sueño, pero he despertado para hacer mis sueños realidad. ¡Y lo estoy disfrutando!

sábado, 15 de noviembre de 2008

Hoy como a veces de repente no sé

Podría sentirme más feliz,
pero sucede que estoy cansada...
ha sido una semana larga e intensa
por no sé que ansiedad
una serie de alegrías
por supuesto mucho trabajo
y ciertos miedos.
Ayer tuve otro presentimiento.
Era muy noche ya
no sé porqué sentí que estaba en el desierto
quiero pensar que todo es mi cansancio
que no pasa nada y si no pasa nada, mejor
si la paz se queda en vez de la novedad
yo seguiré bailando y escribiendo
De pronto me parece que se fue la luz
y que está lloviendo
los semáforos no sirven
y no quiero patinarme
ni quedarme dormida
ni dar media hora de curso más
ni volverme a sentir desconectada
Mañana tal vez
si todo fluye
en una celebración más de mi vida
instalada en el amor más perfecto
de quienes son mis amigos
todo vueva a la paz
y yo duerma en mí misma
y me deshaga por favor
de las incertidumbres que no quiero pasar
ni una sola vez más ningún día

domingo, 9 de noviembre de 2008

Alzando la voz por la poesía


Ayer se inauguró el “foro semanal para la celebración de la palabra, el goce de la poesía” es decir, la lectura de poemas a micrófono abierto en Chocolate Café. Yo estaba más que entusiasmada con la idea…de todos es sabido que soy adicta a las galletas, los abrazos y los poemas, así que contaba las horas para este evento. Llegué con mi puntual inconveniencia de siempre, y saludé muy contenta a Fernando de la Cruz, a quien hace más de cinco años no veía. Mientras esperábamos que llegara los primeros asistentes me fui poniendo más y más nerviosa, pero una “nerviosidad” bonita, expectante, como la de las primeras citas.

El lugar muy a propósito, al aire libre, rodeados de paredes de piedra y plantas acogedoras, justo a la hora de la tarde en que ésta pierde su transparencia y la poca luz artificial empieza a cobrar protagonismo. Unas cuantas mesas redondas y el atril muy a la mano. En la mesa donde compartía mi nerviosismo con el anfritrión, llegó al poco otro Fernando, el autor de Y sintió mi Alma tu Desdén. Gracias a su amena plática pudimos relajarnos un poco e iniciar la lectura de poesía con una introducción a cargo del organizador del evento (Fernando de la Cruz, ¿ya lo había dicho?) en donde se recalcó la dinámica del mismo: “…todo quien lo desee puede asistir cada sábado de cinco a siete a leer sus poemas propios o ajenos. Todos los grupos literarios son bienvenidos. Los lectores deben irse apuntando en la bitácora de lecturas y se respetará ese orden. Se vale aplaudirle a cada lector, apapacharlo, invitarlo al cine, pero no criticar su obra….los lectores regulares tendrán oportunidad de publicar su obra en una antología una vez que se haya reunido material suficiente”.

Después de estas palabras de bienvenida, pudimos disfrutar de un fragmento de Muerte sin fin, que escuché mientras admiraba la transparencia del vaso de agua que había ordenado Fernando Muñoz. Para entonces, aunque parezca imposible, mi sonrisa había crecido un poco más…y así me llegó el turno de leer, me puse de pie y me sentí muy cómoda frente a los asistentes, aunque no menos nerviosa. Saludé, platiqué un poquito sobre los poemas que leería, y me dispuse a leer a Luzmaría Jiménez, su hermoso poema Para Contar Cualquier Historia, cuyas frases por poco me hacen llorar una vez más:

Para contar cualquier historia vieja. Para que el tiempo
reconozca que sangre, o grito, o verso es vida.
Para decir tu nombre
y no caer en un proyecto de monotonía.
Para que las flores de Baudelaire encuentren
esa capacidad de asombro
y abrir al hombre una memoria compartida.
Para que las palabras que evitan desangrarse
pierdan esa solemnidad de pompas de jabón.
Para que este dolor de piedra y ala
que se alza desde el pecho hasta la luna
encuentre la cicatriz precisa.
Para que este miedo con percusión oscura
de campanas se seque al sol.
Para que esto y aquello no se nos vuelva añicos,
debemos usar algo la locura.

Detesto a las abejas desde niña
porque jamás poseerán los mares.

Pues porque necesito un poco de esta locura que se traduce en palabras pronunciadas en voz alta, y porque disfrutar de la poesía en comunidad es una actividad tan gozosa y estimulante que no puedo dejar ya de hacerlo, planeo regresar al Chocolate Café el sábado que entra. Se me ocurren mil poemas por leer, por supuesto, algunos míos. No me van a alcanzar los sábados para hacerlo. Ojalá que cada vez podamos compartir más.

jueves, 6 de noviembre de 2008

...

Por un momento casi me he quedado sin palabras, pero es de emoción y de no saber cómo procesar todo esto bonito que está ocurriendo en mi vida y a mi alrededor.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Sobre la vida en día de muertos

Mis amigos los comprometidos sociales me llamaron hace rato para recordarme que hoy teníamos reunión. Desde hace casi cuatro años tengo el privilegio de reunirme dos veces al mes con este grupo tan singular de gente cálida, profunda e inquieta. En esta ocasión, como la fecha lo amerita, hablamos sobre la muerte. Yo no tenía idea de qué quería compartir; es verdad que tres de mis abuelos ya fallecieron, pero los traté tan poco y esto fue hace tanto, que su evocación, sin dejar de ser importante, no parecía muy significativa en estos momentos.

Sin embargo la ausencia ( y según nuestra fe, la presencia) de seres queridos recién fallecidos fue muy sensible esta noche, pues casi cada uno de mis compañeros ha tenido pérdidas cercanas en los últimos meses. También contamos con la visita de unos amigos de España, padre e hijo, que vinieron a México a celebrar el paso a otra vida de la esposa y madre que falleció hace un año. Josete, que así se llama el viudo, nos compartió la enorme riqueza de poder celebrar con las tradiciones mexicanas este viaje de su esposa y de dos de sus hijas a otra vida.Y yo me puse a pensar en lo que me significa la muerte. Y la reflexión sobre la muerte me llevó a una reflexión sobre la vida:

Desde niña he luchado por la vida. Primero, porque le temía en mis sensibilidad de niña pequeña, después, por aquella enfermedad degenerativa y paralizante que me aquejó y que logré vencer, y más tarde, durante mi adolescencia y juventud, porque no sabía cómo vivirla.

Durante los años que sufrí depresión la Vida parecía como una meta lejana de la cual ya casi no recordaba sus colores y sabores, pero estaba segura de que estaba ahí, detrás del espejo empañado, y que volvería a sonreírme. Por fortuna, ahora no sólo me sonríe, sino que también me sorprende. Y cuando digo vida me refiero a esa energía, a esa renovada presencia de luz, a ese movimiento dinámico, esa creatividad generadora de oportunidades, a ese gusto por lo más cotidiano, a esa percepción de los milagros diarios.

Y es que ahora no siento que lucho, sino más bien, siento que es la vida la que me sale al encuentro y sorprende. A veces, cuando me da la tentación del desánimo y la inmovilidad, la vida se impone y vuelve la alegría. Es verdad que la muerte está presente. Ayer me enteré que murió la venadita que rescataron mis padres; hoy, que acaba de fallecer el papá de un primo mío. Hace rato, me di cuenta de que cierta ilusión está más que muerta. Y está el dolor, y el desánimo, y el breve instante de desesperación.

Pero por suerte la vida tiene fuerza propia: Abrazo a mis amigos y agradezco su existencia; me deslumbra la luz de los ojos de mi sobrina de dos años; canto a voz en cuello y bailo improvisadamente en la Noche Mexicana; muero de la risa platicando con mi amiga María; me concentro y disfruto los textos que escribieron mis alumnos.

Después de escuchar las palabras mojadas en lágrimas con las que mis amigos compartieron la fe en la vida, al evocar la muerte de sus seres queridos, y al constatar que la existencia de estas personas extraordinarias está marcada por la entrega y el compromiso consigo mismos, la familia y la sociedad, me volví a mi casa con una certeza que me expande el corazón: Esto que llamo vida no es la idea consoladora de lo que “hay que apreciar” para no pensar en los dolores de la existencia, no. Es una fuerza arrasadora, impositiva, cierta. Es algo más grande que todos nosotros, que supera lo que yo soy, sufro o alcanzo a disfrutar, es la Verdad que amo y que me mueve.