viernes, 26 de septiembre de 2008

Desvergozadamente alegre

Estoy cansada…y fresca de acabar de lavarme el cabello y feliz de ver a Belílula (mi gata) jugar con las persianas de mi cuarto. Hoy un amigo y compañero de trabajo me dijo que me veo feliz, que irradio una felicidad contagiosa. Ahora mismo quisiera quitarme, como se quita una armadura, este cansancio de viernes por la tarde, y quedarme únicamente con el bienestar. Tuve una semana excelente, llena de satisfacciones, de sorpresas, de descubrimientos.


Y es que a la felicidad actual yo quisiera llamarle bienestar. Y sé que sería algo pesado hablar de mi bienestar de no acompañarle todo ese esfuerzo, pasado y presente, con el que apuntalo el estar bien ahora. Mi amigo Alejandro, quien ha alcanzado logros importantísimos en su carrera de músico, me decía el otro día que a veces la gente ve con envidia esos logros, y no se fija en el esfuerzo y los sacrificios que implicaron. Porque Alejandro ha apostado todo por su vocación y por su crecimiento, me constan su valentía, su estrategia y su lucha diaria. Algún día sé que le veré cosechando lo que ahora siembra, y entonces quiero verlo compartir descaradamente su satisfacción, como yo comparto ahora sin tapujos mi alegría.


En este momento Belílula está queriendo acostarse sobre las cartulinas que están sobre mi cama, le he tenido que aventar mi vaca de peluche para ahuyentarla, porque esas cartulinas son preciosas para mí. Me las dieron, llenas de agradables leyendas de despedida, mis queridas exalumnas teresianas, porque hoy concluyó el mes que suplí a su maestra de redacción en su colegio. ¡Qué experiencia! Esas chicas inteligentes y alegres, que están creciendo de una manera tan distinta a como yo crecí me enseñaron a despojarme de prejuicios y a admirar sus prioridades, su manera tan particular de dirigir su inteligencia, su encantadora superficialidad, su alegría auténtica.

Y ahora voy a encontrarme con mi mejor amiga, hablaremos de nuestra semana, de los variados e interesantes aspectos de nuestras vidas, de nuestras respectivas inspiraciones, de nuestros sueños.


Yo tengo un sueño y quiero compartirlo por escrito, no ahora, sino TODOS LOS DÍAS DE MI VIDA. Quiero comunicarme, irradiar, tocar con letras de colores algo más que las pupilas de esa gente que tanto admiro y amo: la humanidad.


...Quisiera bailar en un local cerrado, yo coronada no de esmeraldas y rubíes sino de musgos y hongos y alfileres. Para proclamar en el reino de las más solitarias ballenas mi dulce sueño con estas sobrecogidas palabras: pregono en voz alta el espanto que me produce la felicidad. Camilo José C.

1 comentario:

David Loría Araujo dijo...

carmeeeen soy el primero en comentaaaaaaaaaaaaaaaar :)

felicitaciones, tienes un blog! :)